La autogestión como clave para el desarrollo personal y empresarial

La autogestión es una herramienta primordial para poder procesar nuestras impresiones y emociones de modo productivo. Esto se aplica tanto al ámbito personal como intelectual, social o laboral. En ocasiones, la base del éxito (entendida como plataforma mental libre de estrés para acceder al desarrollo personal en cualquier dirección) no es una cuestión de potenciales brutos, sino de organización neta.

La autogestión constituye una potente herramienta para el rendimiento laboral, pero, lejos de estar concebida únicamente como un algoritmo para  aumentar la eficiencia, es, también, un medio de ordenamiento personal. De hecho, se trata de promover una reestructuración individual, que conducirá a un mayor equilibrio diario personal y funcional.


Fundamentos teóricos           

La teoría que constituye el motor de este principio proviene de un método propuesto en un libro escrito por David Allen llamado “Getting things done”. En esta obra se proponen consejos concretos para la ejecución de tareas a cualquier nivel.

Las medidas que plantea contemplan la recopilación de todo aquello que se necesite recordar, el óptimo procesado de esta información y la organización de tareas según prioridades. Igualmente, se incluye la revisión de la lista de acciones y la actuación final para acometer los retos planteados progresivamente, evitando la procrastinación.

En este contexto, cobra vital importancia la autogestión como vía para minimizar las complejidades inherentes al hecho de resolver asuntos de cualquier naturaleza, lo cual se hace posible armando al individuo con ciertas herramientas.


Desglosando los potenciales de la autogestión

A continuación, se exponen algunos de los pilares básicos que fomentan la autogestión y que parten desde el microsistema que es cada individuo para expandirse hacia todas las facetas de la vida:

– “Nosce te ipsum”, el aforismo griego que los filósofos romanos adoptaron hace siglos, ya apunta a la necesidad de conocerse a uno mismo y explorar los mecanismos individuales de nuestra conciencia, de nuestros principios y características intrínsecas como preludio del “mens sana in corpore sano”.

– Se trata, básicamente, de gestionar el estrés y el tiempo de forma efectiva para promover una toma de decisiones desde la coherencia.

– Parte de las lecciones incluyen el hecho de aprender a no hacer nada en ocasiones o conseguir decir que no en ciertas circunstancias que lo requieran.

– La autogestión aboga por fomentar el hábito del análisis  para llegar a concretar qué situaciones requieren actuación inmediata y qué estrategias son las que pueden ayudarnos a resolverlas.

– En definitiva, se busca promover la motivación y la concentración en cada labor emprendida para que, punto a punto, consigamos tejer un tapiz interactivo, productivo y saludable para cada persona en cada uno de los ambientes en los que se desenvuelve.


La autogestión como principio para reformar la empresa

La estructura jerarquizada de la empresa tradicional es cada vez más cuestionada y puesta en tela de juicio como un engranaje anquilosado que hubiera perdido la capacidad de moverse a la velocidad de los tiempos modernos. Y no es solo un problema de celeridad, sino de saneamiento de los principios adoptados, prácticamente, desde la cimentación de la revolución industrial.

A la luz de todo lo expuesto anteriormente, tenemos el reto de exigir y promover nuevos modelos laborales, que incluyan al empleado como individuo autónomo, pleno y responsable.

Obviamente, el ejercicio de la autonomía exige un gran dominio de uno mismo y mucha responsabilidad, pero conecta al trabajador con facetas más creativas y más afines a sus potenciales, lo cual aumenta la identificación con la tarea realizada y, por ende, con los objetivos de las organizaciones.

La llamada holocracia cobra sentido en el marco de una distribución horizontal de la jerarquía donde se forman empleados participativos, que se rigen a través de flexibles gobiernos colectivos.

De hecho, la holocracia distribuye la autoridad y hace a todos los empleados protagonistas de los retos de la organización. Este sistema fomenta políticas internas participativas y despierta la pasión por un trabajo común en el que cada individuo cuenta enormemente.

En este sentido, la autogestión despliega su máximo significado, pues permite al individuo tomar iniciativa, compartir ideas y colaborar. Estas funciones tendrán, además, tanta trascendencia para el empleado como para la organización, multiplicando el feedback de enriquecimiento mutuo.

En definitiva, nos encaminamos a una transformación empresarial que revitalizará ciertas visiones obsoletas. La autogestión ofrece nuevas oportunidades organizativas y mejora nuestra conducta frente al estrés, el compromiso y la responsabilidad. También, se abren nuevas alternativas a la consulta entre empleados, minimizando, igualmente, operaciones burocráticas repetitivas. La sinergia entre empleado y organización evoluciona, así, reforzada, además, por tecnologías innovadoras y por los potenciales de la inteligencia artificial.

Ganando perspectiva y control, podremos identificar las prácticas menos productivas e insatisfactorias para sustituirlas, poco a poco, por hábitos eficientes y constructivos tanto para las organizaciones como para el individuo. Se trata de la defensa de la equivalencia y del fomento de la diversidad y de la confianza del empleado, que, en el marco de la horizontalidad, puede mirar a las organizaciones a los ojos y llegar a ver su propio reflejo y el de sus compañeros.

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