¿Qué es Design Thinking y cómo funciona?

El design thinking (DT) es una metodología de trabajo que surgió entre un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford. Se ha puesto de moda, sobre todo a la hora de proporcionar un impulso a la creatividad empresarial.

Detrás de estas dos palabras, se enmascara una serie de técnicas que promueven la creación de ideas para aumentar ventas y consolidar marcas.

¿Qué es el design thinking?

Tenemos que buscar sus antecedentes en los años 70 del siglo pasado. El catedrático de Ingeniería de la universidad californiana,Tim Brown comenzó a usar esta metodología con sus alumnos. Más tarde crearía una empresa dedicada a usar el design thinking con fines comerciales.

Para el mismísimo Brown, su fórmula para la creación de ideas, «es una disciplina que usa la sensibilidad y métodos de los diseñadores para hacer coincidir las necesidades de las personas con lo que es tecnológicamente factible y con lo que una estrategia viable de negocios puede convertir en valor para el cliente, así como en una gran oportunidad para el mercado».

Cada vez se usa más esta fórmula de negocio, donde se trabaja del mismo modo en que lo haría un diseñador. Se crea el producto en base a una necesidad del cliente, centralizándose en la personalización de productos y servicios.

Pero también posee un enfoque para la diferenciación como empresa, una causa de valor añadido. En un mundo empresarial completamente global, los negocios emplean esta metodología para aportar frescura y distinción.

Este modelo de actuación ha calado en grandes brands de la cultura empresarial actual: Apple, Google, Nike, Twitter, Zara… pero también existen casos de éxito entre startups como Airbnb o Android.

Qué proceso se sigue

Los pilares fundamentales del DT son la empatía, la capacidad para observar y el concepto de experimentación. Es ponerse en el lugar del cliente, examnarlo y probar.

El DT es definido a través de otras dos etapas que se adhieren a las tres que hemos mencionado. Estas etapas de la metodología no tienen por qué ser seguidas al pie de la letra. El empleado o el equipo trabaja experimentando y puede seguir o dar un paso atrás, incluso puede saltarse fases del proceso, con tal de crear.

Lo que parece ineludible es atravesar por la fase de recolección y análisis de una gran cantidad de datos. Es información que irás depurando según la fase del proceso en la que estés.

Pero es bueno que enumeremos y descubramos someramente todas esas fases:

1. Empatía. Hay que entender qué necesita el cliente y es necesario conocer su entorno. De este modo el equipo se pone en el lugar del usuario y puede crear herramientas acordes con la realidad.

2. Creación de ideas. Cuantas más prototipos se obtengan, mucho mejor. No es suficiente con asumir el primer concepto que ideemos. En esta fase hay que ser creativo y abandonar los enjuiciamientos. Todo vale, hasta la idea más absurda en apariencia.

3. Prototipo. Realiza un trabajo que transforme esas ideas en prototipos reales. Podrás ver cómo funciona, dónde falla y cómo solucionarlo.

4. Prueba. Llega un momento en el que hay que testear los prototipos. Estas pruebas deben realizarse con la colaboración de los clientes para los que estamos trabajando. Ellos nos ayudarán a la identificación de errores o carencias. Conseguiremos alterar el prototipo hasta que se convierta en el producto final que se buscaba.

¿Cómo se utiliza esta fórmula para la creación de ideas?

Resulta fundamental que el equipo de trabajo se encuentre en las mejores condiciones posibles, para que puedan crear sin barreras. Es decir, se busca un “gusto” del empleado por pertenecer a la empresa.

Un ejemplo de ello serían las famosas instalaciones de Google en Silicon Valley. El empleado tiene comida y bebida gratuita en la cafetería, existen instalaciones para recibir masajes, sala de juegos, lugar donde echar una siesta… Al final todo debe estar rodeado de un ambiente lúdico proclive a la creación. Fuera estrés.

También se fomenta la diversión a través del proceso creativo. El método debe conducir a la elaboración de un trabajo que también complace y recrea al empleado.

Los prototipos suelen ser muy vistosos, con una tendencia muy marcada hacia los fundamentos de las Artes Plásticas. Cuatro cabos que, atados conforman el nudo que culminará el proceso creativo: equipo, materiales, actitud y espacio.

A partir de aquí, el equipo comenzará a realizar bocetos, maquetas, dibujos… cualquier cosa que induzca a otras ideas y conduzca al prototipo que se busca. Por supuesto, el trabajo individual es en beneficio del equipo y cualquiera puede partir de la idea de otro o, incluso, continuarla.

El lugar de trabajo debe ser un espacio que motive, donde den ganas de trabajar, de crear jugando. De esta manera se propicia una actitud positiva, emprendedora, creativa y lúdica.

Si todas estas premisas se llevan a cabo, la metodología del design thinking acabará concatenando la creación de ideas hasta convertirlas en un proyecto final útil para cubrir la necesidad planteada por el usuario.

 

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